Desde que me acuerdo las vacaciones tienen este aroma a jardín, Grosellas y a pila del agua. Tienden a desaparecer por un rato -los olores- y a reaparecer lustros después en lugares y contextos drásticamente diferentes.
La pila del agua justamente, la que gotea y no tiene recipiente formal para recibir el chorro desigual de una vieja llave de bronce. El chorro rebota sobre la piedra y despide gotas hacia todos lados, moja tierra, pared, niños. Su ruido conocido implica las siestas y las risas de cercanos, recuerda el color amarillo de la tina de plástico que antes se nos hacia gigante pero que ahora es chica, polvorienta, abandonada en la cabaña.
Dedico los momentos que pase lejos de ustedes a los recuerdos que reviven sin pedir permiso.
A pesar de que ya no me escuchan, Maurice y Adrienne.
martes, 2 de junio de 2009
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